Que me parta un rayo

Unas de las preguntas más comunes entre los amigos es: ¿y tú a qué equipo le vas?, siempre que me toca contestarla sé que en el mejor de los casos seré blanco de burlas, referencias chistosas o que tendré que dar algunas explicaciones y en el peor de los mismos, habrá que aguantar a dolidos, ardidos y acomplejados.

Me ocuparé en esta ocasión de intentar desde una visión intrínseca explicar porqué soy aficionado a morir de este equipo y mi sentir en estos tiempos en que salir a la calle con la camiseta puesta, es tan difícil y desde ciertos ángulos vergonzoso.

Mi familia es beisbolera y ese fue mi primer deporte, tenía mi guante derecho (porque soy zurdo) y toda la cosa; del fucho ni idea. La luz me llegó en la clases de catecismo y no por el contenido del librito ese con el niño de Atocha en la portada, del cual obviamente olvidé todo, si es que algo aprendí; sino en el patio de recreo, donde había que jugar futbol y los bates y pelotas cocidas estaban prohibidos, ahí dónde sólo se hablaba de los Tiburones Rojos del Veracruz, (además de los otros cuatro equipos que tienen seguidores en todos lados) encontré que nadie me había heredado equipo, que mi papá sólo pensaba en los Dodgers y que a falta de un hermano mayor, era hora de elegir por mis propios medios un equipo, hablar ahora o callar para siempre.

La tele, siempre la tele, vino con su acertada respuesta, había un tipo con una camiseta a rayas que decía Aguinaga en la espalda y era un genio, era la traducción perfecta a lo que yo quería ser (y nunca fui) en una cancha de juego, pero no estaba solo, un chileno que se llamaba Ivo (¿quién diablos se llama Ivo?) hacía los goles que quería, acompañándose del Ratón Zárate, Becerril, Ambriz, y en la portería alguien que parecía todo menos portero, pero ¡ah cómo paraba! Su nombre: Nicolás Navarro. No eran sólo 11, había por lo menos 15 jugadores que yo recuerdo perfectamente haciéndome soñar, no hubo más, ese sería mi equipo, porque lo niños siempre le van al más ganador, al más espectacular, al más chido. El Necaxa era todo eso.

Lo demás es más o menos conocido, campeonato contra el Cruz Azul, contra el Celaya (por bendición de un mal logrado reglamento) y el famoso Jaliscazo contra las Chivas (ven porqué lo de los ardidos), además de dolorosos subcampeonatos contra Santos y Toluca; un equipo histórico, grande para su pequeña afición, constante en liguillas y finales, pero sobre todo incómodo para cualquier rival, por esa forma de juego que nos enseñó Lapuente, director técnico que vino a consolidar la defensa para comenzar a ganar torneos, viene a la menta también aquel primer mundial de clubes donde ganamos el tercer lugar derrotando al mismísimo Real Madrid, este equipo nos recordaba mucho a aquel de los “11 hermanos” que –dicen- podía ganar a cualquier rival con los ojos cerrados y que le ganó al Santos del o rey Pelé.

Llegaron después los tiempos que todos saben, malas decisiones, cambios de presidente y de casa, la costumbre dolorosa de Televisa de quitarnos a los mejores jugadores para reforzar al América, y así, este equipo que desde su nacimiento hace casi 86 años siempre fue muestra de fuerza y coraje, cualidades heredadas de W. H. Frazer y que en sólo 7 años de existencia ya era el más popular de México y protagonista del primer clásico contra aquellos “prietitos” del Atlante se fue deteriorando, perdiendo identidad, este equipo, único del país en tener los tres colores patrios en su uniforme fue perdiendo hasta eso, sus colores, convirtiéndose entonces en el patio de atrás del América, en un “castigo” para jugadores que no aportaban, en un descuido y constante ausente a las finales del torneo; no voy a hablar de nombres de directivos, técnicos, formaciones tácticas ni planes de mercadotécnica, eso se lo dejo a los expertos y a los no aficionados a este equipo, que tienen en estos días mucha leña que cortar de este árbol que se fue cayendo durante años, sólo quiero expresar que no importa donde esté el Necaxa, yo lo seguiré y apoyaré incondicionalmente, porqué estas cosas casi nunca obedecen a la lógica.

La noche del 9 de mayo de este virulento 2009 fue de las más difíciles de mi vida, además de los mensajes de texto y mails de los “amigos” burlones, está el dolor, el verdadero dolor de ver a mi equipo morir de nada, a 11 jugadores que sin importarles la historia y la pasión dejaban perder la categoría a un equipo que no fue hecho para eso. No me extraña saber que muchos de esos jugadores regresarán al América y que seguramente la mayoría encontrará acomodo en otro equipo de la primera división, tampoco me pesa sospechar que eso era lo que querían, “claro, si nos salvamos seguiremos aquí, si se va el equipo, nosotros nos vamos a otros mejor”. Pero entonces, de quién es la culpa, ¿de las divas con zapatillas de juego o de los ineptos directivos que no supieron armar al equipo? No lo sé y ya no me importa, seguiré respondiendo la pregunta de la misma forma, con todo y sus consecuencias: “Le voy al Necaxa”, pero pensando en las palabras de un buen amigo: “No llores, ese ya no era el Necaxa…”

YouL

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  • http://kernel712.wordpress.com Zuxana

    Chale, mi hermano le va a los Tigres…yo estaba casi rezando porque perdiera Necaxa…pero a los dos (Tigres y Necaxa) a los jugadores por lo menos, se les notaba que no les importa nadita el equipo

  • http://blog.winiberto.com win

    Mi mas sentido pésame, amigo..

  • http://elpodcastdelogan.wordpress.com Logan

    Que buen texto compa, emociona y eso es algo que se agradece.





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