Del nativo digital al ciudadano analógico

Yo no soy un nativo digital. Soy más bien un adoptado digital. No nací con un teléfono celular bajo el brazo, ni mi primer regalo de reyes fue un PSP, un DS, o un ipod, a los 15 años, conocí mi primera computadora de 16 bits cuando todo mundo hablaba Basic mientras mis trabajos de la escuela los escribía a máquina.
Teclear en una máquina de escribir no es una actividad sexy, es más bien, una actividad industrial, es como el pedaleo en bicicleta de subida o como hacer aerobics o echar tortillas.
La palabra es el logos que viene al mundo. Pero ahora, la palabra no viene ya como un sentido al cual hay que abrirse sino como un código binario articulado bajo distintas tecnologías propietarias, campañas de marketing y aceptaciones acríticas.
En los nuevos modelos curriculares las competencias para manejar computadoras y hablar inglés, han reemplazado a las materias como filosofía y etimologías. Las nuevas tecnologías de la información se han vuelto –bajo el discurso de los políticos- los fetiches de la era del progreso.
El discurso hegemónico nos presume que la tecnocultura, la sociedad del conocimiento y las Tic´s son deseables por sí mismas. Como si fueran por ellas mismas democráticas, espacios de libre expresión y síntomas de la modernidad.
Pero ante las tecnoculturas hay que mantenerse en guardia cuando no se comprende cómo amplian las libertades democráticas, cómo generan tendencias de emancipación o cómo extienden nuestras capacidades de diálogo y hermeneúticas.
Porque los nativos digitales pueden ser al mismo tiempo, quienes entierran nuestra tradición racionalista de reflexión y análisis.
La modernidad es ante todo una toma de conciencia. Es la condición para dialogar con nuestras tradiciones y con nuestra historia. La modernidad es una narrativa que nos permite dialogar con otras narrativas. Por eso necesitamos una narrativa de la tecnocultura donde los nativos digitales se vuelvan también hijos de Gutemberg, de Lutero y de Erasmo de Rotterdam; donde los nativos digitales dejen de mirar por un momento sus líneas intermitentes del Twitter para recordar la ardua labor que es comprender al otro.
Las comunidades de usuarios no pueden comportarse sólo como ghettos de nativos digitales.

imprenta1 Del nativo digital al ciudadano analógico

La herramienta del ciudadano analógico

A pesar de las categorías y los clichés, la primera provocación, es la de volverse ciudadanos analógicos que interactúan con ambientes digitales para construir un mejor mundo.
Más bien a los nativos digitales hay que volverlos ciudadanos analógicos de una aldea global o de los micromundos posibles para hacernos audibles, unos a otros. En esta era digital el gran reto no es estar conectados inmediatamente sino el poder escuchar, cuando los entornos de la mediosfera generan polución con sus sobrecargas informativas, mediáticas y de infoentretenimiento. No vivimos, ya en una sociedad del espéctaculo, ni en una, ya chole, pesadilla orwelliana, sino en una vecindad que segrega a todos aquellos que no tienen acceso al capital social de la tecnología. La lucha de clases ya no es un cliché sino la descripción de la modernidad utópica  para nuestros entornos digitales.

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    que son tortillas a caso es algo que hacen en su pais, quisiera saber si es un juego o que es en realidad





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