Adiós al poeta militante, Mario Benedetti


Mario Benedetti, el poeta uruguayo se nos adelantó. Militante de las causas de izquierda en un continente desgarrado por las dictaduras, Benedetti sostuvo su capacidad política de debate. La presencia de Benedetti en distintos países de América Latina y en España fue resultado del exilio ante la dictadura.
Para los santones de las revistas de poesía y las infinitas cofradías literarias, Benedetti fue una suerte de poeta para adolescentes. Pero este ninguneo –del que yo he sido participe en conversaciones de café- no hace más que engrandecer su trabajo de escritor porque los adolescentes ingresan sin prejuicios a la literatura y no se someten a las filias y fobias de la crítica.

Calificarlo de un poeta cursi, de arrumacos o un poeta para mitines políticos tampoco mengua su vitalidad sólo nos habla de la capacidad de sus lectores para encontrar referencias a los capítulos excelsos de sus vidas cotidianas y de la necesidad de volver contables ciertos episodios de la vida.

Pero la envidia surge porque Benedetti es quizás el poeta más leído en América Latina, a diferencia de escritores que la crítica resguarda en una vitrina pero que sus poemas son desconocidos, irrelevantes -menos para la crítica- y crípticoelitistas – a los que sólo una elité puede descifrar.

Algunos de sus poemas fueron popularizados por el cantante catalán Joan Manuel Serrat.

El Granma le dedica una elogiosa nota necrológica.
El periódico español El País –como siempre- además de llevar la nota necrológica publica varios textos de amigos del escritor y anuncia que los restos del escritor serán velados en el Parlamento uruguayo.

Murió Mario Benedetti. El poeta resistente, que vivió el exilio y la enfermedad (un asma pertinaz, obsesiva) le fueron rompiendo, pero él se mantuvo siempre “en defensa de la alegría”. Finalmente, una agonía causada por un fallo intestinal, que hizo deprimentes sus últimos días, le rompieron del todo, y murió ayer a los 88 años, en su tierra, Montevideo. Nació en Paso de los Toros, pero esta urbe que parece un microcosmos literario fue el lugar al que volvió siempre, de todos los exilios. Era al final (y esta expresión la acuñó él) un desexiliado. Pero su alma sufrió las heridas de todos los exilio. (..) Era un hombre cordial, enteramente, pero era un tímido absoluto. Los que le conocieron en España le recuerda, por ejemplo, en la Feria del Libro de Madrid, puntilloso, anotando con palotes los libros que firmaba; y le recuerdan rechazando el pescado con espinas y en general las tonterías; era un conversador tranquilo; llegaba a los sitios con su maletita marrón gastada, y dentro llevaba siempre poemas o cartas, en esos momentos en que cumplía compromisos parecía a la vez el escolar que fue y también el oficinista

Además, el poeta Luis García Montero, también en el País, reflexiona sobre la ética de Benedetti como escritor:

Una de las claves de la obra lírica de Mario Benedetti fue tratar el lenguaje como un espacio público, fundar la ética literaria en el diálogo que un escritor puede establecer con sus lectores ideales. El lector es una figura elaborada por la conciencia del autor, y el diálogo con el lector está presente incluso en la soledad del trabajo. Quien reduce este diálogo al número de ejemplares vendidos desconoce la apuesta literaria profunda que hay en la consideración del texto como espacio público. Es cierto que la poesía pierde su rigor cuando desciende al populismo barato. Pero si es peligroso que el escritor se abandone al halago de las masas, más daño hace a la literatura el autor que se entrega a las fugaces elucubraciones elitistas de los críticos fascinados por el empeño de la moda

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